Por-Ricardo Miguel Fessia

II – De la lectura de los diarios hasta el caminar por la calle el humor marchaba en un solo sentido. Desde varios días se podía ver a Balbín llevar adelante todo tipo de gestiones que se resumían en eso de “llegar al 76 con elecciones”, pero el rostro del viejo caudillo mostraba signos de frustración y hasta de desesperanza. Claro, muchos de los dirigentes no colaboraban. Solo de muestra, recordamos al textil Casildo Herrera, que fungía como Secretario general de la CGT que el lunes 22 se montó al catamarán que une Buenos Aires con Carmelo y literalmente se “rajó al Uruguay” cumpliendo la máxima espetada uno par de días antes, “yo me borro”.
En la parada del colectivo se podía escuchar el mismo comentario, en el kiosco de diarios apenas cruzar una frase con el vendedor se percibía ese sentimiento. Recuerdo que ese lunes previo, por la mañana fui al bar de la facultad -bueno, siempre estaba ahí- y había muy pocos compañeros que luego del saludo de momento, salía en tema como algo inminente a lo que respondíamos siempre con un análisis esperanzador, pero tal vez con poca fuerza de convicción.
Recuerdo que percibía que no pocos estaban hasta dispuestos a aplaudir la irrupción institucional. En cierta forma había razones que venían de bastante antes.
III – Todo el proceso desde las elecciones de marzo del 73 había sido escrito con la pluma de la violencia y la falta de una voluntad política. El pedido de renuncia al Poder ejecutivo a semanas de asumir, el Congreso del peronismo en el Cervantes del 4 de agosto de 1974 donde se proclamó la fórmula Perón – Perón, el empoderamiento sin límites de un personaje oscuro cuyo único antecedente era haber sido cabo de la Policía federal, entre otros parámetros, eran más que elocuentes para presagiar un futuro.
La muerte del gran conductor, en buena medida apuró la crisis económica incrementada por el contexto global generado por la crisis del petróleo. Ello incrementó la lucha interna del justicialismo cuya expresión era la abierta lucha armada. La renuncia del “bloque de los ocho” en diputados, la intervención de cinco provincias conducidas por sectores enfrentados a la conducción oficial, eras algunas de las manifestaciones.
En poco mas de dos años de gobierno del peronismo, pasaron cuatro presidentes y otros tantos gabinetes, con la sola excepción de José López Rega, que formó un grupo armado como centuriones de la pureza de la doctrina llamado Alianza Anticomunista Argentina (AAA), cuyo debut fue -21/nov/73- el atentado al senador Hipólito Solari Yrigoyen con una bomba en su coche estacionado en una cochera de calle M. T. de Alvear 1276.
La economía estaba totalmente descontrolada y en febrero se concreta un lock out patronal, el primero de la historia.
El Congreso, de amplia mayoría justicialista, comenzó a tratar el pedido de Juicio político a la Presidente, una herramienta constitucional de excepción.
La violencia que no cejaba no obstante las promesas de dejar las armas y la posterior muerte del presidente Perón, significaron un declive del que no se podía salir. Los grupos irregulares armados estaban más cerca del desvarío que de la realidad y con ello, casi en forma natural, las fuerzas armadas se fortalecen como la última reserva moral.
Para noviembre una delegación del Congreso nacional había sido invitada a Tucumán por los responsables del “Operativo independencia”, es decir la participación del Ejercito en conflictos internos que había sido solicitada por el Poder ejecutivo nacional. Es una sesión especial y al regreso de esa comisión, el presidente del Senado, Italo Argentino Luder pide rendir homenaje a Francisco Franco, el dictador muerto unos días antes.
IV – El contexto mundial estaba signado por la división clara de dos bloques; el occidental de corte capitalista y el oriental que comprendía varias naciones del bloque comunista agavilladas por la Unión Soviética.
En el subcontinente americano, las fuerzas armadas estaban en una sola coalición bajo la doctrina de la Seguridad Nacional y, con sus variantes, se sentían como garantía de los valores de occidente, por ello luchaban contra las fuerzas irregulares llamadas guerrilleras de pensamiento de izquierda y vinculados al comunismo que se ufanaban en ser representantes del pueblo sometido.
El modelo más próximo y de fuerte impacto fue el golpe del 11 de septiembre de 1973 en Chile encabezado luego por Pinochet que encabezó una sangrienta dictadura. Ese mismo año, en el Uruguay se disolvía el Congreso.
V – En la madrugada se escuchó la voz oficial por la cadena nacional en donde informaba el “control operacional del país” a cargo de la junta militar, una suerte de triunvirato formado por los jefes de las fuerzas armadas. De inmediato definieron al movimiento como Proceso de Reorganización Nacional para atender el notable “vacío de poder”. Debe recordarse que para septiembre estaba previsto el proceso electoral de renovación del Congreso y demás autoridades.
De inmediato se removieron los jueces de la Corte, se clausuró el Congreso, las legislaturas de provincia y los concejos de las ciudades. Se intervinieron todas las provincias y municipios. Toda actividad política fue declarada ilegal.
VI – Entre las consecuencias o de los objetivos estaba el de incorporar al país al contexto regional que luego de plasmó en el “Plan Cóndor”. Un acuerdo para aplicar medidas represivas de forma irregular, es decir, absolutamente ilegales en donde solo hay objetivos y no medios, o estos pueden ser cualquiera. Se descartaba cualquier formato de legalidad para la intervención en todas las áreas, en particular en la represión.
Se iniciaba de esta forma un proceso “con objetivos y sin plazos”, dando inicio a la noche más larga, oscura y dolorosa de la historia argentina contemporánea.
VII – Los resultados de esa ominosa experiencia pueden resumir con las siguientes referencias:
– El ingreso per capita de fin del año 1983 era inferior al de 1975, la inflación anual trepaba a los tres dígitos y el desequilibrio fiscal llegaba el 15% en relación al PIB.
– Los intereses anuales generados por la deuda externa, medida como porcentaje de las exportaciones anuales, eran exorbitantes.
– Un importante porcentaje de la deuda externa fue producto de la estatización de la deuda privada de empresas, bancos o grandes familias. Su monto fue de u$s 15.000 millones por medio de la circula A251 de Julio González del Solar como presidente del Banco Central del 17 de noviembre de 1982. (https://www.bcra.gob.ar/archivos/Pdfs/comytexord/a0251.pdf)
– Degradación en el concierto de las nacional del prestigio de la Argentina producto de la Guerra por Malvinas; por el desconocimiento de un laudo arbitral en la disputa de límites con Chile con el cual estuvimos a punto de un conflicto armado; por la presencia de militares argentinos instruyendo fuerzas irregulares en países de Centroamérica con conflictos armados internos.
– Espantosas consecuencias sociales por el terrorismo de Estado y la represión ilegal, como lo demostró el informe de la Conadep que en un gran trabajo pudo documentar la existencia de 340 campos de detención clandestinos y 8961 casos de personas desaparecidas.
VIII – Hoy, luego de tantos años, nuestro sistema democrático, con baches de violencia y de inestabilidad institucional, nos remiten a esa historia.
El salto de calidad es indudable. El uso de las armas como argumento político es impensado, el argumento de la violencia para salvar los intereses superiores que luego redime es inimaginable.
Queda como rémora o como desafío de superación, cierta polarización que algunos llaman grieta que lejos de ser un objeto de debates y superación se presenta como obstáculo para emponzoñar la política que motiva algunos discursos violentos.
En una decisión valiente y sin precedentes, cumpliendo promesas de campaña, el presidente Alfonsín decidió someter a juicio a los responsables de los crímenes de muerte, secuestro y lo peor, desaparición de personas. La “causas 13” juzgó a las tres juntas militares en un juicio con respeto a las garantías procesales realizado en apenas 14 meses entre octubre de 1984 y diciembre de 1985. Todavía hoy el juicio es motivo de estudio y reconocimiento internacional.
Nada de esto fue simple; las fuerzas armadas se oponían definitivamente, el Justicialismo se negaba con argumentos distintos y siempre flotó en el ambiente un supuesto pacto con la cúpula militar, la Iglesia hablaba del perdón y la prensa de reconciliación. Es decir, contra todos, los juicios se llevaron adelante y permitió algo que supera todas las especulaciones: en adelante quedó en claro que las leyes son para todos sin discriminación y que los hechos ocurrieron tal como se los ha probado en juicio. En adelante nadie, racionalmente, discute ello.
De igual forma, es una expresión de voluntad de rechazar la violencia como recurso político que pueda ser aceptado. Sostenemos una continuidad institucional de más de cuatro décadas, con dificultades, pero encontrando soluciones dentro del mismo sistema. Los presidentes concluyeron sus mandatos y quién no lo hizo se encontró la solución dentro de la institucionalidad constitucional. El sistema electoral no es cuestionado y los resultados de las urnas son acatados.
Esos consensos fueron los que permitieron que se reforme la Ley fundamental que fue aprobada por unanimidad. Detalle para nada menor. Confirmando esta voluntad, se incluyó en el art. 36 que la misma “mantendrá su imperio aun cuando se interrumpiere su observancia por actos de fuerza contra el orden constitucional y el sistema democrático. Estos actos serán insanablemente nulos”.
La constitución no es solamente una ley o una ley suprema, es un pacto de convivencia pacífica en una sociedad es la lealtad de los ciudadanos a los principios y valores democráticos que establece la misma Constitución. Ese pacto comprende a todos los sectores, las culturas étnicas, los géneros, las religiones, a toda la diversidad posible.

IX – Pasaron 50 años y fuimos testigos. Pocos podían pensar que ese alzamiento militar sería un feroz golpe de Estado, pero el último de una serie. Los responsables, bien identificados, blandiendo una alienación política en el país, cultivaron la anomia junto a aterradores niveles de violencia nunca antes se habían visto y que definieron ese reo laico del “nunca más” en Argentina.
“La lucha del ser humano contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido” (Milan Kundera)
Santa Fe, 24 de marzo de 2026.
