Escandaloso accionar de la justicia en el caso del fiscal Leandro Benegas, denunciado y condenado por abuso sexual con acceso carnal.

Un tribunal “armado a medida”, designaciones exprés y la misma cara siempre: la historia de cómo el Poder Judicial se blinda cuando uno de los suyos es señalado por abuso sexual
VERA, SANTA FE — Mientras Daiana Elizabeth Rivero, de 22 años, intenta reconstruir su vida tras denunciar que fue abusada sexualmente por un fiscal de distrito, el sistema judicial de Santa Fe no perdió tiempo en mover fichas. No para investigar. No para garantizarle justicia. Para salvar al acusado.
En menos de 24 horas —entre el 5 y el 6 de marzo de 2026— se montó una operación de rescate judicial que haría palidecer a cualquier guionista de series de corrupción: tres camaristas designados “excepcionalmente”, una jueza apartada de un plumazo, y el mismo operador judicial instalado como único dueño de la verdad.
El acusado no es cualquiera. Es el Dr. Leandro Darío Benegas, fiscal del Distrito Judicial de Vera, hombre de confianza de los pasillos del poder provincial. La víctima, en cambio, es una joven sin apellido ilustre, cuya única “culpa” fue atreverse a denunciar que un funcionario judicial la violó.
EL RELOJ DE LA IMPUNIDAD: 5 DE MARZO, 8:07
La mañana del 5 de marzo, la Oficina de Gestión Judicial de Vera —dirigida por el CPN Andrés R. Chapero— emite una notificación con sello de urgencia extrema. Designa un tribunal “en forma excepcional” y “al solo efecto de resolver la recusación rechazada” contra la jueza Norma Noemí Senn, la única magistrada que había ordenado prisión preventiva para Benegas.
Los elegidos:
Eduardo Alberto Bernacchia (presidente)
Fabio Mudry (segundo voto)
Martha Feijóo (tercer lugar)
El mensaje es claro: hay que actuar “sin dilaciones procesales innecesarias”. Es decir: sin darle tiempo a la víctima, sin escuchar a la defensa, sin que el trámite legal estorbe el objetivo real.
12 HORAS DESPUÉS: LA JUEZA CAE
A las 7:40 del 6 de marzo, el mismo tribunal que acababa de nacer ya había firmado la sentencia de muerte judicial de la jueza Senn: aceptaron la recusación y la apartaron del caso.
La velocidad es sospechosa. Inédita. En un sistema donde un simple trámite de apelación puede demorar meses, estos tres magistrados resolvieron en horas lo que les convenía a sus intereses.
Pero el golpe maestro vendría dos horas después.
EL MISMO JUEZ, EL MISMO CASO, LA MISMA VERDAD
A las 9:12 del mismo 6 de marzo, el Director de la OGJ designa juez unipersonal para entender la apelación contra la prisión preventiva de Benegas.
¿El elegido? El propio Eduardo Alberto Bernacchia. El mismo que horas antes había integrado el tribunal que echó a la jueza. El mismo que ahora será único árbitro de si el fiscal violador debe seguir preso o recuperar su libertad.
El mismo juez. Dos roles. Cero vergüenza.
En los márgenes de la notificación judicial, alguien —quizás el propio funcionario que recibió el documento— escribió a mano, con rabia contenida: “EL MISMO JUEZ”. Como si el absurdo fuera tan evidente que hasta el sistema se delatara a sí mismo.
LA DENUNCIA QUE EL SISTEMA NO QUIERE QUE LEAS
El abogado de la víctima, Dionisio Ayala Fernández, no se quedó de brazos cruzados. En una presentación que debería ser portada de todos los diarios, denunció lo que el establishment judicial prefiere ocultar:
Bernacchia y Benegas son amigos. Comparten el mismo ámbito judicial. Se cruzan en los pasillos. Se saludan en los actos protocolares. ¿Y ahora uno va a juzgar si el otro violó a una mujer?
Pero hay más. Los otros dos camaristas —Mudry y Feijóo— ya habían intervenido en otra causa donde también se denunció a Benegas por abuso sexual. Lo sabían. Lo recordaban. Y aun así se sentaron a juzgar.
“Manifiesto interés personal en la causa”, escribió Ayala Fernández. “Direccionamiento para favorecer al imputado”. “Tráfico de influencias en causa criminal”.
Palabras duras. Palabras que en cualquier democracia serían suficientes para apartar a estos magistrados. En Santa Fe, 2026, son apenas ruido de fondo.
EL MÉTODO y CÓMO SE FABRICA LA IMPUNIDAD
El modus operandi es transparente para quien sepa leer:
1.
Se arma un tribunal “especial” con jueces de confianza
2.
Se aparta a la magistrada incómoda (la que ordenó prisión)
3.
Se instala al operador amigo como único juez de la causa
4.
Se niega a la víctima el derecho a ser escuchada (todo se resolvió antes de que pudieran responder)
El objetivo: garantizar que Benegas no vuelva a prisión. Que siga ejerciendo como fiscal. Que la denuncia de Daiana Rivero se disuelva en el laberinto de un proceso adulterado desde su nacimiento.
¿Y AHORA QUÉ?
Ayala Fernández anunció que recurrirá a la Corte Suprema de la Nación. Pide la nulidad de todo lo actuado. Denuncia violación del debido proceso, arbitrariedad, desconocimiento de derechos constitucionales.
Pero el tiempo corre en contra de la víctima. Mientras los jueces juegan a las sillas musicales, Benegas sigue libre. Mientras los camaristas se designan entre sí, Daiana sigue esperando justicia.
Y en algún rincón del Poder Judicial de Santa Fe, alguien ya está preparando el próximo trámite exprés. Porque cuando se trata de salvar a uno de los suyos, la justicia provincial no necesita leyes: necesita horas.
DATOS CLAVE DEL ESCÁNDALO:
Causa: CUIJ N° 21-09622592-7
Imputado: Leandro Darío Benegas, fiscal de distrito
Víctima: Daiana Elizabeth Rivero
Delito: Abuso sexual con acceso carnal
Jueza apartada: Dra. Norma Noemí Senn (había ordenado prisión preventiva)
Operador instalado: Dr. Eduardo Alberto Bernacchia (camarista y ahora juez unipersonal)
¿Hasta dónde llega la impunidad cuando los jueces son jueces y parte?


