“Bajo el látigo: Paula Mitre eligió castigar en el bolsillo a los empleados que reclamaron mejoras salariales, confirmando un perfil de gestión autoritaria.“

Vera: ¿Premio o castigo? Polémica por el cronograma de sueldos en la gestión de Paula Mitre
Lo que comenzó como una “buena noticia” para la familia municipal de Vera terminó convirtiéndose en un foco de conflicto y sospechas de persecución. En una maniobra que sorprendió a propios y ajenos, la gestión de la intendenta Paula Mitre decidió adelantar el pago de haberes antes del cierre del mes, pero con una salvedad que generó indignación: el beneficio no fue para todos.
Un festejo que duró poco
Mientras un sector de los empleados municipales celebraba el cobro anticipado de sus salarios, la realidad golpeó duro al resto de la planta. Al verificar sus cuentas, muchos trabajadores se encontraron con que sus haberes aún no habían sido depositados. La respuesta oficial fue tajante: el resto cobrará el último día del mes, el 31 de marzo.
¿Medida administrativa o disciplinaria?
La polémica estalla al analizar quiénes son los empleados que quedaron fuera del adelanto. Según denuncian sectores afectados, los trabajadores “postergados” son casualmente aquellos que encabezaron las recientes medidas de fuerza y reclamos por mejoras salariales.
Esta diferenciación en el cronograma de pagos ha sido interpretada como un “castigo” directo hacia quienes salieron a luchar por sus derechos. En los pasillos municipales, la medida no se lee como una cuestión de disponibilidad de fondos, sino como una herramienta de presión política.
El perfil de “Patrona de Estancia”
Para muchos, este accionar termina por confirmar un perfil que la oposición y sectores gremiales le atribuyen a Mitre: el de “Patrona de Estancia”. Esta forma de gestionar, percibida como discrecional y autoritaria, acentúa la división en una comunidad que ya venía golpeada por la tensión salarial.
Cumplir con el pago el día 31 es, legalmente, cumplir con la obligación. Sin embargo, utilizar la anticipación de fondos como una forma de marcar quiénes son los “empleados dóciles” y quiénes los “rebeldes” abre un precedente peligroso en la institucionalidad de la ciudad de Vera.
